Aun con una vida saludable, fui diagnosticada con artritis reumatoide

mensajes del cuerpo mi historia Sep 18, 2026

Querida lectora, abro este espacio porque si estás aquí probablemente es porque estás buscando alguna solución a tu dolor articular, a tu padecimiento autoinmune, quizá es porque como yo, no te crees esa historia de que el resto de tus días irán en deterioro.

Quiero que sepas que te entiendo, yo también estuve ahí, aunque no por mucho tiempo. Hoy disfruto mucho de mi cuerpo, tanto que hay quienes dudan de que mi diagnóstico de artritis reumatoide haya sido correcto. No los culpo, reté al diagnóstico y salí victoriosa, y eso no es lo tradicional, pero sí es accesible para la gran mayoría. Hoy gozo de verlo en mis alumnas y refuerza mi camino, pero no fué así en un principio.

Hace cuatro años, aun con lo que yo consideraba una vida saludable, fui diagnosticada con artritis reumatoide. Sentí que mis sueños se venían abajo. La idea de disfrutar la vida sin límites se transformó, de un día para otro, en cargar un padecimiento que muchos llaman degenerativo e incurable, que iba a limitar mi movimiento y deteriorar mi cuerpo poco a poco.

Perdí entre el 60 y el 80% de la movilidad en mis manos, hombros, cuello, tobillos y rodillas. El dolor en las manos me despertaba en la madrugada. Caminar por mi casa me dejaba agotada, al punto de sentarme a llorar porque no entendía lo que me estaba pasando.

Hice lo que cualquiera haría, pregunté a quien tenía rigidez articular, acudí a la reumatóloga y salí de ahí con una receta que me llenó de miedo, de impotencia, de frustración. No me quedé ahí. Busqué otras opiniones, visité más especialistas, me hice estudio tras estudio.

Y en cada consultorio, en cada grupo de Facebook, en cada terapeuta, encontré la misma frase: "esto es incurable." Resignación. Dolor. Pronósticos que me aterraban a largo plazo. Invertí no solo mucho dinero, sino tiempo y fé, buscando una respuesta que nadie me daba.

Una bendición en mi proceso...

Practico yoga desde hace 20 años, y una de sus enseñanzas filosóficas más profundas viene de un verso que llevo conmigo desde entonces: yogaś citta-vṛtti-nirodhaḥ. Más de una vez el yoga me regresó a mi centro en momentos de desesperación, y eso incluyó sentarme en silencio. Acudí a ese silencio porque, como lo indica este verso, la unión ocurre cuando calmamos las fluctuaciones y modificaciones de la mente.

Gracias a esa calma comprendí algo que ningún consultorio me había dicho: no fue fácil, no fue inmediato, pero fue claro, mi cuerpo necesitaba de mí, y eso no lo iba a encontrar afuera.

Lo que hoy entiendo es esto: yo estaba cuidando mi cuerpo desde la urgencia, no desde el entendimiento. Buscaba que alguien más resolviera lo que solo yo podía resolver desde adentro. Y mi cuerpo, con toda su sabiduría, me estaba pidiendo algo completamente distinto a lo que yo le estaba dando.

Hoy llevo una vida sin dolor articular. Me siento llena de vitalidad y disfruto, con confianza, de todo a lo que mi cuerpo me puede llevar. Pero para llegar aquí, primero tuve que darme cuenta de que la manera en la que me estaba cuidando no era la que mi cuerpo necesitaba.

Esta es exactamente la razón por la que hoy acompaño a mujeres que, como tú, están buscando esa misma claridad. Te invito a preguntarte, hoy mismo, qué llamado lleva tu cuerpo intentando hacerte escuchar.

De mujer a mujer, te veo.

Gabriela


Patañjali, Yoga Sutras, 1.2.